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Octavio Alain
(Participante de la exposición colectiva Generación 2)

El encuentro erótico comienza con la visión del cuerpo deseado. Vestido o desnudo, el cuerpo es una presencia: una forma que, por un instante, es todas las formas del mundo [….], vemos sólo unos ojos que nos miran, una garganta iluminada por la luz de una lámpara y pronto vuelta a la noche, el brillo de un muslo, la sombra que desciende del ombligo al sexo. Cada uno de estos fragmentos vive por sí solo pero alude a la totalidad del cuerpo. Ese cuerpo que, de pronto, se ha vuelto infinito. El cuerpo deja de ser una forma y se convierte en una substancia informe e inmensa en la que, al mismo tiempo, me pierdo y me recobro.
La llama doble: Amor y Erotismo. Octavio Paz
 
 
El erotismo se diferencia de la pornografía por lo sugerente de su decir, en otras palabras, mientras la pornografía muestra la sexualidad sin velos, sin reservas, sin metáfora (lo cual hace que la fotografía pornográfica sea una suerte de fotografía documental del acto sexual), el erotismo, o mejor dicho, la fotografía erótica, nos muestra una metáfora del mismo encuentro sexual; ésta metáfora designa algo nuevo y susceptible a múltiples interpretaciones. Vemos sólo una garganta iluminada por la luz de una lámpara, pero no vemos sólo eso, vemos algo más que no está ahí (o que si está, está oculto); en esto radica la metáfora. Entonces, en la fotografía pornográfica hay sexo, en la fotografía erótica hay otra cosa. El erotismo es invención, variación incesante; el sexo es siempre el mismo.
La imaginación es el elemento clave para el erotismo, ya que al existir esos velos sutiles que no nos muestran todo, el espectador “debe” imaginarse lo que hay oculto, lo que ha pasado, lo que pasará, lo que está pasando para poder involucrarse con la imagen. Entonces, podemos decir que el espectador es el que hace que la fotografía sea erótica, ya que sin la imaginación del otro sólo habría una garganta iluminada.
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Octavio Alain
(Participante de la exposición colectiva Generación 2)

El encuentro erótico comienza con la visión del cuerpo deseado. Vestido o desnudo, el cuerpo es una presencia: una forma que, por un instante, es todas las formas del mundo [….], vemos sólo unos ojos que nos miran, una garganta iluminada por la luz de una lámpara y pronto vuelta a la noche, el brillo de un muslo, la sombra que desciende del ombligo al sexo. Cada uno de estos fragmentos vive por sí solo pero alude a la totalidad del cuerpo. Ese cuerpo que, de pronto, se ha vuelto infinito. El cuerpo deja de ser una forma y se convierte en una substancia informe e inmensa en la que, al mismo tiempo, me pierdo y me recobro.
La llama doble: Amor y Erotismo. Octavio Paz
 
 
El erotismo se diferencia de la pornografía por lo sugerente de su decir, en otras palabras, mientras la pornografía muestra la sexualidad sin velos, sin reservas, sin metáfora (lo cual hace que la fotografía pornográfica sea una suerte de fotografía documental del acto sexual), el erotismo, o mejor dicho, la fotografía erótica, nos muestra una metáfora del mismo encuentro sexual; ésta metáfora designa algo nuevo y susceptible a múltiples interpretaciones. Vemos sólo una garganta iluminada por la luz de una lámpara, pero no vemos sólo eso, vemos algo más que no está ahí (o que si está, está oculto); en esto radica la metáfora. Entonces, en la fotografía pornográfica hay sexo, en la fotografía erótica hay otra cosa. El erotismo es invención, variación incesante; el sexo es siempre el mismo.
La imaginación es el elemento clave para el erotismo, ya que al existir esos velos sutiles que no nos muestran todo, el espectador “debe” imaginarse lo que hay oculto, lo que ha pasado, lo que pasará, lo que está pasando para poder involucrarse con la imagen. Entonces, podemos decir que el espectador es el que hace que la fotografía sea erótica, ya que sin la imaginación del otro sólo habría una garganta iluminada.
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El encuentro erótico comienza con la visión del cuerpo deseado. Vestido o desnudo, el cuerpo es una presencia: una forma que, por un instante, es todas las formas del mundo [….], vemos sólo unos ojos que nos miran, una garganta iluminada por la luz de una lámpara y pronto vuelta a la noche, el brillo de un muslo, la sombra que desciende del ombligo al sexo. Cada uno de estos fragmentos vive por sí solo pero alude a la totalidad del cuerpo. Ese cuerpo que, de pronto, se ha vuelto infinito. El cuerpo deja de ser una forma y se convierte en una substancia informe e inmensa en la que, al mismo tiempo, me pierdo y me recobro.
La llama doble: Amor y Erotismo. Octavio Paz
 
 
El erotismo se diferencia de la pornografía por lo sugerente de su decir, en otras palabras, mientras la pornografía muestra la sexualidad sin velos, sin reservas, sin metáfora (lo cual hace que la fotografía pornográfica sea una suerte de fotografía documental del acto sexual), el erotismo, o mejor dicho, la fotografía erótica, nos muestra una metáfora del mismo encuentro sexual; ésta metáfora designa algo nuevo y susceptible a múltiples interpretaciones. Vemos sólo una garganta iluminada por la luz de una lámpara, pero no vemos sólo eso, vemos algo más que no está ahí (o que si está, está oculto); en esto radica la metáfora. Entonces, en la fotografía pornográfica hay sexo, en la fotografía erótica hay otra cosa. El erotismo es invención, variación incesante; el sexo es siempre el mismo.
La imaginación es el elemento clave para el erotismo, ya que al existir esos velos sutiles que no nos muestran todo, el espectador “debe” imaginarse lo que hay oculto, lo que ha pasado, lo que pasará, lo que está pasando para poder involucrarse con la imagen. Entonces, podemos decir que el espectador es el que hace que la fotografía sea erótica, ya que sin la imaginación del otro sólo habría una garganta iluminada.
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El encuentro erótico comienza con la visión del cuerpo deseado. Vestido o desnudo, el cuerpo es una presencia: una forma que, por un instante, es todas las formas del mundo [….], vemos sólo unos ojos que nos miran, una garganta iluminada por la luz de una lámpara y pronto vuelta a la noche, el brillo de un muslo, la sombra que desciende del ombligo al sexo. Cada uno de estos fragmentos vive por sí solo pero alude a la totalidad del cuerpo. Ese cuerpo que, de pronto, se ha vuelto infinito. El cuerpo deja de ser una forma y se convierte en una substancia informe e inmensa en la que, al mismo tiempo, me pierdo y me recobro.
La llama doble: Amor y Erotismo. Octavio Paz
 
 
El erotismo se diferencia de la pornografía por lo sugerente de su decir, en otras palabras, mientras la pornografía muestra la sexualidad sin velos, sin reservas, sin metáfora (lo cual hace que la fotografía pornográfica sea una suerte de fotografía documental del acto sexual), el erotismo, o mejor dicho, la fotografía erótica, nos muestra una metáfora del mismo encuentro sexual; ésta metáfora designa algo nuevo y susceptible a múltiples interpretaciones. Vemos sólo una garganta iluminada por la luz de una lámpara, pero no vemos sólo eso, vemos algo más que no está ahí (o que si está, está oculto); en esto radica la metáfora. Entonces, en la fotografía pornográfica hay sexo, en la fotografía erótica hay otra cosa. El erotismo es invención, variación incesante; el sexo es siempre el mismo.
La imaginación es el elemento clave para el erotismo, ya que al existir esos velos sutiles que no nos muestran todo, el espectador “debe” imaginarse lo que hay oculto, lo que ha pasado, lo que pasará, lo que está pasando para poder involucrarse con la imagen. Entonces, podemos decir que el espectador es el que hace que la fotografía sea erótica, ya que sin la imaginación del otro sólo habría una garganta iluminada.
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El erotismo se diferencia de la pornografía por lo sugerente de su decir, en otras palabras, mientras la pornografía muestra la sexualidad sin velos, sin reservas, sin metáfora (lo cual hace que la fotografía pornográfica sea una suerte de fotografía documental del acto sexual), el erotismo, o mejor dicho, la fotografía erótica, nos muestra una metáfora del mismo encuentro sexual; ésta metáfora designa algo nuevo y susceptible a múltiples interpretaciones. Vemos sólo una garganta iluminada por la luz de una lámpara, pero no vemos sólo eso, vemos algo más que no está ahí (o que si está, está oculto); en esto radica la metáfora. Entonces, en la fotografía pornográfica hay sexo, en la fotografía erótica hay otra cosa. El erotismo es invención, variación incesante; el sexo es siempre el mismo.

La imaginación es el elemento clave para el erotismo, ya que al existir esos velos sutiles que no nos muestran todo, el espectador “debe” imaginarse lo que hay oculto, lo que ha pasado, lo que pasará, lo que está pasando para poder involucrarse con la imagen. Entonces, podemos decir que el espectador es el que hace que la fotografía sea erótica, ya que sin la imaginación del otro sólo habría una garganta iluminada.

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